
Fin de semana, vuelta al pueblo. En baires, todo como el culo. Nadie me daba bola, Eugenía desaparecida. ¿Me tendría que conseguir una mina fija? Los intereses de los plazos fijos no me dan para aguantar dos personas mucho tiempo, pensar en gastos con alguien saliendo a cenar, cines, teatros, telos etc, me daba acidez. Solo para pagar las cuentas,el depto, la casa, algunos impuestos, los gastos del auto (que eran un cancer) y cambiarlo, por ahora ni pensar. El seguro vencido,un farol roto y las gomas hechas mierda. Algun dia me pararían en la ruta y entonces se lo regalaría a los canas, (al auto) y me volvería en el tren lechero a la capital. O peor, la vieja ruralcita terminaría en la puerta de mi casa en el pueblo sobre cuatro latas, antes de que se robaran los restos y me la dejaran sobre cuatro botellas de sidra (joda del lugar). La casa sin gente durante dos semanas, sucia, con el olor a podrido de las cacerolas y sartenes que quedaron en la pileta, con restos de comida y mucho detergente y lavandina ( bah, lejía como le dicen todavía acá). Fría, con mucha humedad, las paredes manchadas como nunca de hongos, sobre todo las que daban al jardín, producto de la mala capa aisladora con que me había estafado el albañil que traje de Azul , especialmente recomendado por mi hermana, (¿tendría alguna cometa la turra?) . Prendí la estufita de gas, (la ventaja de vivir en la calle principal era la de pertenecer a los cincuenta beneficiarios con la entrada de caños de gas que iban hasta el hospital -¿sería trucha la conexión?- ). Fuí al patio y saqué del fondo unos troncos y unas ramitas, unos cajones viejos y volví para armar una "pira" en la chimenea del comedor, si la noche fuera fría tiraría un colchon, al lado y con dos o tres mantas viejas y unas copitas de grappa, dormiría como un bendito. Agradecí mentalmente a mi viejo por la chimena producto de los pedidos rompehuevos de mi vieja y mis hermanas, eso sí tiraba como el culo y después no alcanzaba el resto de la semana para sacar el tufo a humo de las ramas verdes. Pensé en juntar unos troncos mas para la noche antes de que se apagara y tuviera que salir a la intemperie a buscar mas leña. Me ayudé con la carretilla que me había traido de lo de los viejos cuando liquidé las maquinas del campo, y el campo. Chirolas, a repartir entre tres, por eso me quede con la casa, el departamento en la capital, el auto viejo y un piquito que es el que tenía en los plazos fijos, de tener algún problema le tendría que llorar a mis hermanas, pero de esas yeguas...Ya se ponía el sol, sentía frio en los huesos, esa noche no me atrevería a ir a Remilgo´s. Me puse la campera, salí al patio y enfile con la carretilla hasta la montaña de troncos casi ya sin luz , al lado de la pila, que me había dejado mi cuñado el mes pasado junto con un cordero duro y mal oreado, la ultima vez que vinieron a visitarme, vi un movimiento raro cuando trataba de cargar la carretilla, pensé en un perro. Los troncos estaban en una zona de alambrado viejo donde el ligustro estaba cortado pero minga de cusco era una persona agachada que se estaba afanando los troncos de a uno y los subia a un cochecito de chico muy viejo. Tomé con sigilo un tronquito pesado y se lo tiré a la sabiola, quedó desparramado, era un ovillo oscuro sobre el pasto. Pisé el ultimo alambre de puas, con una maderita alcé los otros tres y me pase al terreno vecino. Asustado le saqué el gorrito de lana , y el pañuelo manchados en sangre y trate de limpiarle la frente y la cabeza con un pañuelo no muy limpio que llevaba en el bolsillo. La chica empezó a gemir. ¿La chica?, Me asusté. -Dale flaca, perdoná, creí que eras un perro, mentí, te llevo hasta la clínica, poné un poco de voluntad, ayudame, vamos hasta el auto, te curan y te traigo..." Se agarro vacilante de mi cuello, salimos a la calle la apoye contra el ligustro y fuí a buscar la rural, repitiendo : -Que no se escape, que no se escape, si se me va y me denuncia estoy listo, es lo único que me falta- volvi marcha atras y estaba por suerte, la subí y salí al toque. Eran solo tres cuadras y media. Fin de semana, no habia nadie, ni tampoco la guardia, ¡pueblo de mierda! Nos sentamos en el hall, esperando, no sabía de que hablar, ella seguía apretandosé el pañuelo sucio sobre la frente del que cada tanto corrían unas gotitas de sangre, sucia también. De a poco y por el cansancio se caía sobre mi hombro y ahora se había quedado clavada en él. Le pase una toalla que saqué del mueble que tenía a mi costado, le retiré el pañuelo sucio y lo arroje lejos ¿Sería una prueba de algo? La mina sollozaba casi en silencio, como un espasmo. Le traje un vaso de agua de la máquina , le pasé el brazo por los hombros y le dí a tomar. Cuando terminó apoyo la cabeza sobre mi pecho y pareció que se dormía. La tomé de ambos hombros y la sacudí . Siempre escuche cuando chico, que no hay que dejar dormir a los que se golpean fuerte la cabeza. ¿ Y si se me moría allí? Llegó el tordo, me conocía, había atendido a mis viejos en los últimos años, me destrató hablándome como si tuviera diez años menos de los veinte, que tampoco tenía. Me preguntó de la relación, con una sonrisita que me molestó mas aún de lo que me hinchaba ya las bolas con sus preguntas. Le explique que no había relación, que la encontré tirada al lado de casa con la cabeza rota. Se seguía cagando de risa. Le pregunte de la risa y me contesto que por el uso "genero" en mi relato. No entendí, como siempre. Se fue, no volvió mas, me mandó la receta y una cajita de analgésicos con la enfermera, que sostenía a la "chorra". Nos dijo que volvieramos el lunes. Las vendas de la zabiola parecian un turbante. La tomé del brazo. Volvimos a la rural y enfilé a la casa, entramos, le dije si quería tomar un té, asintió muda. Lo hice con el ultimo saquito del té importado que me quedaba. Cuando volví con los dos vasos parecía que seguía durmiendo, La samarré con cuidado. Abrió los ojos y me miró. Parecía Bambi, por la mirada, (la escena en que matan a la vieja). Con dos dedos de la mano izquierda le acaricie-abrí los labios y le acerque la taza de porcelana decorada con horribles calcamonias francesas, tomó, hizo globitos, tosió, escupió y por fin se rió un poco (¿Sería de su torpeza? ). Deje la taza, la acaricie en la frente, la recosté sobré el respaldo del sofá.Le pregunté si avisaba a alguna persona de la casa de al lado su estado. Me dijo que no había nadie.¿Te acompaño? Me agarró de la mano y la puso sobre su pecho. Me puse muy nervioso, me levanté como si tuviera un resorte en el orto. Pensé que bien maquillada debía ser un minón, pero no parecía tener gran lomo, mas bien flaquita, tipo modelo anorexica, nada de tetas, una "amigo" como dicen en el rioba. Le trajé una copita de coñac, mas bién tirando a cordial. Lo probó y volvió a toser,escupir. Le puse unos troncos más a la chimenea, me acordé, del trabajo inconcluso le pedí que me esperara, salí al patio, volví hasta la carretilla, noche cerrada pero yo con la linterna de sereno -tambien de la herencia del viejo- la llene de troncos y maderas y volví. La quía no estaba, pero por la luz de la puerta del baño intuí que estaría meando. Me acerqué para ver si necesitaba algo,no se nunca si hay o no papel, la puerta estaba entreabierta y la vi meando, de dorapa. Se dió vuelta sacudiendo la pijita y me volvió a mirar a lo Bambi. Ahora te explico, me lavo las manos y te cuento. Volvimos al living. Atonito me senté enfrente, tratando de evitar todo contacto con el manfloron.
-Mi viejo era Francisco, alguna vez trabajo con el tuyo, yo era Albertina la única hija. Tuve muchos problemas cuando chica con mis compañeritas del colegio primario- Las Adoratrices , de Las Flores - Papá se cansó y me llevó a Buenos Aires, en tercer año le pedí entrar al convento, o a algún seminario para monjas, beatas o lo que fuera. El sufrió sabiendo que con mi elección se terminaba su apellido, pero me ayudó. Eran los años de los cambios hormonales y ahí empezaron los problemas. Pedí ayuda a las monjas, que primero me trataron como poseída y después me llevaron al médico de la congregación, él me explico que podía ser, que había escuchado de otros casos y me contó de una monja española que, al darse cuenta de que, cada vez que estornudaba, emergía de su vagina un órgano fálico de tres centímetros de longitud, le pidió a su confesor ayuda para ser reconocida como hombre. El arzobispo, al final le dio la razón y Sor Fernanda se transformó en el padre Fernando. La miré, ¿Como te llamás? Ahora Alberto. Tiré un tronco, atize el fuego, fui a buscar la botella de coñac o de cordial- lo que mierda fuera- y puse un poco de música suave para tratar de salvar la noche...






